Fue un día de examen. Todos pasaron una prueba. Él salió apresurado apenas acabó de escribir y ella se preguntó: Qué urgencia tiene? Ella entregó lo poco que pudo redactar y en los pasillos el bullicio de los compañeros le resultó totalmente ajeno. Lo buscó. Pensaba que seguía cerca y no lo encontró.Trascurrieron unos instantes, sentados en el bar con la cerveza para relajar. Entonces, esa desagradable y estridente voz llegó. Con la ironía de siempre, preguntó: Vamos al hospital? Ha nacido el hijo de nuestro amigo! Se los dijo a todos como si no dijera nada. A ella, sin embargo, le llegó como una lanza al corazón. Todo se movía, todo comenzó a girar. Era una noria? Todo daba vueltas y más vueltas. Respira, profundamente. Disimula. La presión bajó al estómago y un intenso dolor de cabeza la hizo su presa.
Ya en el coche, en medio de risas, imaginaban el rostro del recién llegado y hacían las bromas comunes a momentos como este. Ella no podía ni quería reír, ni siquiera una mueca forzada era posible. Intentaba controlar la respiración para no empañar los cristales. Los hospitales nunca son lugares agradables, esta vez no sería la excepción. Más frío, más blanco, pasillos más largos, nada era igual que otros días. Tarde, y fuera del horario de visitas, se colaron como pudieron, ella se sentía vacía, flotando y cada paso era un golpe en la cien.
Llamaron a la puerta y entraron. Tres mujeres miraban a las otras tres que llegaban. Saludos, enhorabuenas y sonrisas disimuladas. Todas se hacían las mismas preguntas: Quién de ellas es? Porqué han venido? Que buscan aquí? Sabrán quién llega? Qué detalles conocen? Es todo imaginación? En tenso silencio quedaron. Hasta que él regresó. Su pequeños ojos miraron encendidos, sobresaltados, no pudo disimular, todas lo notaron, imaginaron diferentes razones. Ella lo conoce bien y sabe cuándo se pone nervioso. Sus gestos, el hablar y hasta el color. Todo lo mantiene bajo control, sin embargo, los colores no se controlan.
Para huir de esa sala y bajar de la tarima dónde parecía ser juzgado propuso ir a ver al niño. Era la mejor forma de volver a respirar. Todos deseaban respirar. Aire a los pulmones. Mucho aire. Mucho pecho para esos corazones. Ella caminaba callada, preocupada únicamente en sobrevivir a aquel instante que escapaba a su control, en el que él también se le estaba alejando dejándola en pedazos. Miraban a través del cristal. Ahí todos los niños son iguales. Él mostraba orgulloso al suyo. Ella no miraba, lo observaba a él con la garganta seca. Esperaba unas palabras, agonizaba en el mismo día que llegaba esa nueva vida. Pero las palabras por fin rebasaron; él la aparto de los demás. Fueron dos segundos. En el primero dijo: “Sabes que es uno de los días más importantes de mi vida y lo mejor de todo es que estés aquí compartiéndolo conmigo”… y en el siguiente segundo la cerró en un abrazo… rápido, corto, intenso.
Qué responder? Una leve sonrisa se dibujó en sus rostros, intercambiaron miradas de complicidad indescriptible, inimaginables. Se despidieron y todos regresaron a su "normalidad". Para los dos, desde ese día nada ha sido igual. Él se preocupó en demostrar lo que sentía y ella lo aceptó así como tal.
El pequeño hoy cumple 15 años.
DR

No hay comentarios:
Publicar un comentario