viernes, 9 de noviembre de 2007

DIÓGENES QUEBEQUENSE

Cada día es más difícil encontrar verdaderas personas en medio de los individuos que nos rodean. La lupa ha perdido utilidad. Cambiamos las gafas a cada seis meses con resultados infructuosos. Necesitaríamos la lámpara de Diógenes. Es la única forma que se me ocurre de encontrar a “alguien especial”. Y hoy quisiera que esa lámpara tuviese alas y me llevara directo al mejor lugar del mundo. Y digo que es el mejor porque tiene, por pocos días en sus casi diez millones de kilómetros cuadrados, concentrado la mayor cantidad de verdaderas personas que existe: dos (vale, habrá más, admito que exagero). Lo bueno y particular de estos dos es que tengo el gusto, el honor, el placer, la responsabilidad, el compromiso de contar con ellos.
Vida en común, secretos confesados, momentos de risa, horas de viaje, días de paseo, años de estudio y trabajo. Me conocen como cáscara amarga. Saben de los significados adecuados. Y no pierden la paciencia en enseñarlos. Sin egoísmos. Con generosidad. Cada cosa en su momento. Sin inmediatismos. Cientos de consejos recibidos. El tiempo hace lo suyo. Mantiene a quien ya tiene un lugar o los quita para que otro llegue. Viaje contra el reloj y sin él. Nada de tiempo, ni horarios. Sin límites por favor. Bosques extensos en los que este otoño deposita rojos, naranjas y amarillos en mil tonos. Bosque y bandera se funden. La libertad cobra otro significado. Seis horas separan, en ese tiempo podría estar entre dos verdaderas personas que la vida me ha regalado. Y digo que son regalos porque no creo haber hecho nada para merecer contar con ellos de la manera tan incondicional que se me presentan. Nos cuidamos sin vernos, nos vemos sin mirarnos, la distancia es lo de menos. Animan. Levantan. Apoyan. Ayudan.
Qué pasa últimamente con los aviones? Ya he dicho que siempre me han gustado pero ahora me llevan, me traen de vuelta, me acercan y me alejan. Todos se mueven con mucha velocidad. Nadie para ya en tierra? Aeropuertos superpoblados? Todo está tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Paradojas nuevamente? Qué vida es esta? Me encanta. No quiero cambiarla. Volviendo a nacer quiero la misma. Nada de petulancias ni adulaciones. Pero es un privilegio teneros como amigos. Confianza total y absoluta. Ofrezco yo lo mismo? Al final existirá algo absoluto? Y lo acabo de decir yo misma? Quizás!
DR

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