domingo, 18 de noviembre de 2007

LOS VAGONES DEL TREN

Esto es lo bueno de los trenes. Tienen varios vagones. Si no estás cómoda en uno, te cambias y ese no te convence, pues vas andando hasta el siguiente. Si te sientes mal porque va a tope, las energías que recibes no son muy positivas, los humores dificultan la respiración y no hay espacio para el aleteo. Pues chica, a cambiar. Y claro, los vagones se acaban, pero también el viaje. Hay más estaciones y otras direcciones. No desistir, cuando oigas que anuncian la salida del siguiente, coge las maletas y a correr.

Puede que tengamos muchas y muchas maletas, cargadas de libros, papeles, ropas, zapatos, y una inacabable lista de recuerdos. De esas cositas que vamos juntando con los años, sin valor en el mercado pero impagable para nosotros. Las tarjetas de bienvenida, despedida, cumpleaños, una nota interesante, entradas de conciertos, cines, exposiciones, festivales, “posavasos” del aquel bar donde has tomado la primera cerveza de fresa de tu vida, fotos y más fotos y hasta el ticket del último paseo en el que has conocido a un ser lo más parecido a una creación de Michel Ende.

Bajar y subir escaleras con carga pesada no es fácil. Sin embargo lo que más cuesta soportar no es lo que llevas sino lo que dejas. Y al dejarla, pues pasa eso, se queda. Por tanto deberías sentirte más liviana, menos agobiada, más suelta.

Así, al son de Buika y “a mi manera” se está formando un nuevo campo de batallas. Mi “gran guerra” espero librarla aquí definitivamente y para ello cuento conmigo misma (con fuerza renovadas) y para cuando el ánimo sea mejorable, están y espero que sigan estando varios colegas, de otros campos, de otras guerras, distintos aires, mares lejanos que con sus peculiaridades me hacen sentir privilegiada y convierten mis segundos de vida en horas de alegría. Además, el Manual inseparable para el guerrero se viene conmigo.

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