Ya van seis días de marzo y no he escrito nada. Y eso que este es el mes que más me gusta. Empieza la primavera, o debería empezar. Tampoco es para cabrearse con esta "renovadora y helada" brisa que está soplando. Digo que no he escrito y no por falta de ganas o de razones, sino que las otras razones, aquellas que me impiden, han superado en cantidad a las primeras. Lo bueno es que no han superado en calidad. Porque no tengo nada "super mega guai" sin embargo me siento así, "super mega guai". Teniendo varias obligaciones, una serie de ocupaciones, fechas que se acercan y traen lo suyo, vencimientos que igualmente algo arrastran y cada cosilla me ocupa un breve espacio de tiempo que sumados no dan 24 horas, sino muchas más. Agobiarse? No. Stresarse. No. Manos a la obra. Sí. Y, por tanto, me faltan horas, y aún así "voy bien", con una sonrisa, pensarán que algo tonta, estampada en la cara, una respiración serena (salvo cuando estoy en la bici) y todo eso me parece bueno.
Hace poco decía que hay que centrarse en un tema, concentrar las energías en un deseo, en un sueño, proyecto, plan, porque es bueno y, lo mejor de todo, es que lo he comprobado una vez más. Y así, claro, una razón más también para mantener esta mueca que deja entrever mis dientecillos y dejarme así, sencillamente bien. Sí, es una sonrisa.
Despertarse con ese saludo de ultramar, una llamada de buenos días ... y qué buenos días!. A la vez es señal que llegan más compromisos, pues bienvenidos sean, señal que tendremos menos horas para dormir, pues ya recuperaremos, señal que no sabemos nada del nuevo tema, pues a aprender, señal que perderé cierto hilo, pues lo retomaré, señal que estamos vivos y que aquellos a quienes queremos lo saben y también nos quieren y, además, lo demuestran.
Dormir con otro saludo. Besar una máquina agradeciendo. No dar saltos, no dar gritos, sino volver a sonreir y sentir que el corazón llega a medir mucho más que un puño. Nueve letras, cinco signos, el día cero tres cuando restan tres cero tres días para acabar el año. Me encantan los números, me llevo bien con ellos, me ayudan a recordar todo, con ellos no olvido nada, o mejor dicho, no olvido lo que no quiero olvidar. Memoria selectiva evidentemente. Para qué ocupar espacio con "desechabilidades"? Imaginar un rostro, un ambiente, un espacio, un corazón, la respiración, el suspiro, la corbata bien puesta y esos ojitos que besan el alma. En medio de la gran "producora de energía", los delicados dedos de una suave mano tecleando ciertas letras. Cerar los ojos o mantenerlos abiertos, de todas formas el viaje no se interrumpe. Las sorpresas son deliciosas, bioenergía en un objetivo, porque llegarán con certeza, así como este frío se irá porque mi primavera ya viene girando la esquina.
DR

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