jueves, 10 de abril de 2008

MIRANDO DESDE MI CUEVA


Faltando quince minutos para que el sol empiece a aparecer. Luego de pasar la noche entera en vela sentada en el sofá con una enorme taza de chocolate espeso, dándole mil vueltas con esa cucharilla y saboreando poco a poco, muy lentamente, ha llegado la hora de echarse a la cama para buscar el viaje que el cuerpo está pidiendo. Por acaso, sin razones, sin ser costumbre, sin formar parte de la rutina, comienzas a mirar todos los libros que tienes en la estantería y vas a coger uno, aquel que ha acumulado algo de polvo porque no le haces mucho caso. Y así, pasando unas páginas, llega la sorpresa, de las mejores, de las más queridas, deseadas, soñadas, anheladas. Cae una nota, escrita en otros tiempos. Parte del recuerdo y del hoy. Cuatro o cinco líneas que clavan dulcemente y hacen que te inclines sobre tu propio cuerpo. Sientes un vértigo increíble sin tener un precipicio al lado, la saliva no pasa por la garganta, se ha secado, la tensión se apodera del cuello y en segundos expiras con todas tus fuerzas, quitas “eso” que estaba apretando el corazón. Cierras los ojos y lo ves, distingues el pelo y la sonrisa e imaginas una conversación: - Hola, cómo estás? - Sentado frente al escritorio echándote de menos. – Aparta la silla, deja que me siente en tus piernas y apoye mi cabeza en tu pecho mientras cruzas los brazos alrededor de mi cuerpo. –Ni un beso, solamente un minuto de ojos y un segundo de piel. Amor, amistad y compañerismo? Una trilogía lo más cercana posible a la perfección. Quien lo tenga que lo cuide.
Y nunca mejor momento para aludir a la amistad, aquellas de las buenas, coherentes y consecuentes, variables y variantes. Desmontando pisos mientras se idealiza el próximo. Una y otra vez y con distintas personas. Cajas y más cajas. Pesando para no exceder y excediendo siempre. Cuánto puedo? cuánto me cabe? Dónde queda lo restante? Coincidencias? No, una serie de incidencias que se suceden en el tiempo y hasta en cierto espacio. Si una se va queda la otra y cuando menos esperas ya llega el momento de partida de la otra y así también como una gran sorpresa la una vuelve, aunque sea por unos días. Qué lío! Nunca acaba, aeropuertos y estaciones y en medio de todo también hace falta un respiro personal. Dónde? Cuándo? Algún hueco por favor! Sí, ahí está. Es cuestión de querer y plantarse. O querer sin plantarse, sencillamente un mail, una llamada, click aquí y ahí. Todo listo. Puerta de embarque otra vez. Hasta entonces las cercanías se vuelven lejanas y lo lejano se acerca lentamente pensando en el verano o quizás, en el mejor de los casos, inclusive antes. Mis defectos y las virtudes de los demás, una combinación que posibilita muchos días, especialmente los que están por llegar. Proyectos internos, externos, regreso, estancia, temporal, definitiva. Todas interrogantes que giran como en el juego de la concordia. Como dicen en Casablanca: “Siempre tendremos Paris”.

DR

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